¡Decídete de una vez!

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Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma. Hebreos 10:39

Foto: Mujer bajando desde el mirador. Sendero al Glaciar Huemul, Lago del Desierto, Santa Cruz.

Cuando llegan circunstancias difíciles es como si estuviéramos en una encrucijada, hay que decidir: confío en Dios o prefiero confiar en mi propia prudencia, sigo adelante o me vuelvo. Nuestra mente dirá que es una locura, que no es posible continuar. El enemigo susurrará en nuestros oídos que Dios no podrá librarnos, que es mejor abandonar ahora antes de que todo se ponga peor ¡Pero Dios está en control! Nada se le escapa, tiene todo planeado y nada hay difícil para él. (Salmos 11:4, Isaías 14:24, Jeremías 32:27)

A mucha gente le cuesta tomar partido, si hay una discusión trata de mantenerse neutral, quiere quedar bien con todos. Pero cuando se trata del destino eterno tenemos que decidirnos. ¡No podemos quedar bien con Dios y con el diablo! Estamos en una guerra espiritual, es tiempo de decidir en qué bando queremos estar.

“¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.” (Santiago 4:4)

“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Mateo 6:24)

“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” (Apocalipsis 3:15-16)

“Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.” (Juan 6:66-68)

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