¡Decídete de una vez!
Cuando llegan circunstancias difíciles es como si estuviéramos en una encrucijada, hay que decidir: confío en Dios o prefiero confiar en mi propia prudencia, sigo adelante o me vuelvo. Nuestra mente dirá que es una locura, que no es posible continuar. El enemigo susurrará en nuestros oídos que Dios no podrá librarnos, que es mejor
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