
Si quieres sembrar en tu corazón la Palabra de Dios, sus promesas de bendición, una semilla de fe que dé fruto… entonces tienes que arar primero. Es necesario arrancar los espinos. Hay que sacar esos recuerdos y pensamientos que nos lastiman y hacen que lastimemos a otros. Si no los quitamos, la buena semilla no va a crecer.
Pídele a Dios que te ayude a quitar las espinas, que sane tu alma. Luego aférrate a sus promesas, deja que crezcan en tu corazón hasta hacerse realidad.