Hay abundante misericordia, para los que temen a Dios

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Porque como la altura de los cielos sobre la tierra,
Engrandeció su misericordia sobre los que le temen.
Salmosc103:11

Foto: Salta (Vista aérea)

Es fácil repetir que Dios es amor y grande en misericordia ¡Pero cómo nos cuesta recordar que espera nuestro temor! ¡Qué difícil es acordarnos que dependemos de él! Sí, su misericordia es tan grande, que recibe a todos, sin importar si se trata de un asesino, una prostituta o un demente. A todos está dispuesto a perdonar, lavar de pecados y dar una nueva vida. Pero hay un requisito: el temor a Dios, el respeto, el reconocimiento que solamente él puede salvarnos, que el destino eterno de nuestra alma depende del Juez de toda la Tierra.

Hay abundancia de misericordia cuando reconocemos que él es el Señor, que tiene la facultad de hacer y deshacer nuestras vidas según su voluntad, como el alfarero. “¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” (Romanos 9:21)

¿Qué haremos si ve que así no somos útiles para nada? ¿Si nota que si seguimos con nuestros caprichos, somos herramienta del diablo? ¿Si llega a la conclusión que la única manera de evitar que nos vayamos al infierno es quebrantarnos? No seamos duros como Israel, que agotó la misericordia divina. Y recibió estas palabras: “Del norte levanté a uno, y vendrá; del nacimiento del sol invocará mi nombre; y pisoteará príncipes como lodo, y como pisa el barro el alfarero.” (Isaías 41:25) “Y se quebrará como se quiebra un vaso de alfarero, que sin misericordia lo hacen pedazos; tanto, que entre los pedazos no se halla tiesto para traer fuego del hogar, o para sacar agua del pozo.” (Isaías 30:14).

Lo que Dios me dijo que compartiera con mi iglesia, sobre este versículo

Dios tiene tanta, tanta misericordia que no alcanzamos a entender ¡Si supiéramos la mitad de las cosas que él pasa por alto en nuestra iglesia! La primera reacción sería querer cambiar de congregación.

Pero cada día, es tanto lo que nos perdona a nosotros que cómo vamos a juzgar a los demás ¡La verdad es que yo tengo un carácter que puedo cansar a cualquiera! Pero no a él. Y entonces, cuando lo reconozco y me quebranto en su presencia, él me da un poco de su dulzura ¡y soy otra persona! Su misericordia es enorme. Sólo hay un detalle: es para los que le temen. Para los que lo respetan y lo reconocen como su Señor. Los que no van a Dios para que los sirva, sino con la intención de servir.