Escondido

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¿Podrá alguien esconderse donde yo no pueda verlo? ¿Acaso no soy yo el Señor, que llena el cielo y la tierra?
—Palabra del Señor.

Jeremías 23:24 (RVC)

Foto: Mono asomando la cabeza detrás de una rama. Parque Nacional Iguazú, Misiones

Cuando éramos chicos y nos portábamos mal, nos escondíamos por temor a que nos castigaran por nuestras travesuras.

Crecimos y nos volvimos más sutiles para esconder nuestros errores y defectos. Pero al Espíritu Santo no le podemos ocultar nada. Como un amigo nos dice cuando metimos la pata, con la confianza que da el cariño. Aunque nos ama, el Padre no puede dejarnos sin disciplina. Porque quiere que aprendamos, que sepamos que nos hacemos daño y que habrá un momento en que ya no tendremos oportunidad de arrepentirnos.

Si algo te avergüenza, no lo escondas. Dios ya lo sabe. Pídele que te ayude a corregir tu error o defecto. Él quiere que le abras tu corazón con confianza. No va a defraudarte.