Adóralo, Dios lo merece

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Venid, adoremos y postrémonos;
Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano.
Salmos 95:6-7

Foto: Gente acercándose a la cruz. Cerro San Bernardo, Salta

Cuando le entregué mi corazón al Señor, creía que desde ese día en adelante sería fácil orar. Después de todo, orar es hablar con Dios y él era ahora mi papá, es más, vivía dentro mío ¿Hay una relación más íntima que eso?

Pero la verdad, es que aunque hay días en que es fácil orar, leer la Biblia, cantarle alabanzas, en fin: adorarlo. También es cierto que hay días en que me cuesta. Ya sea porque estoy demasiado ocupada, ando enferma o distraída. Incluso hubo temporadas en que cada día tenía que esforzarme para no dormirme mientras intentaba orar. También el diablo ponía barreras de todo tipo para evitar que me conecte con el “agua de vida”. Pero a medida que fui madurando me di cuenta qué importante es adorarlo cada mañana y cada noche. Y mientras desarrollé el hábito y a medida que dejé que el Espíritu Santo me llene, se convirtió en una necesidad. Más importante que dormir suficiente, o que desayunar.

Cuando comienzo el día adorando, Dios despeja mi camino, aclara mi mente y me da las fuerzas para enfrentarme a lo que venga. Cuando termino mi día a sus pies, puedo dejarle todas mis preocupaciones, todos mis miedos e inseguridades y sentir que él me cuida mientras duermo. Susana.

Les dejo una canción viejita sobre este Salmo.

Miguel Cejas – Venid y adoremos