Quieres que Dios te hable, pero no tienes tiempo para Él. Quieres que te responda, pero no le das tiempo a la oración. Como Job, lamentamos y nos quejamos y como a él nos dice: «Escucha, para y acuérdate de mis milagros»

Quieres que Dios te hable, pero no tienes tiempo para Él. Quieres que te responda, pero no le das tiempo a la oración. Como Job, lamentamos y nos quejamos y como a él nos dice: «Escucha, para y acuérdate de mis milagros»
