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Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová,
Y tome aliento vuestro corazón.
Salmos 31:24

Foto: grupo caminando en la nieve, la última mujer se ve cansada. Valle Las Cotorras. Ushuaia.

Dar un paseo caminando con raquetas en la nieve puede ser una experiencia hermosa, más aún si la compañia es agradable y el paisaje bello. Pero si no estás en estado cada vez cuesta más, se empieza a sentir el viento helado, encuentras hielo y resbalas, pisas mal y caes rodando. Te vas quedando atrás. Ya no conversas. Ya no prestas atención al paisaje. Entonces el guía se da cuenta, hacen todos un descanso, sacan fotos, te animan, te ofrecen un chocolate o un dulce para recuperar las energías. Cuando retoman la marcha lo haces con una sonrisa.

En la vida del cristiano, por más que Dios nos lleve por buen camino, en compañía de hermanas y hermanos de la fe, hay momentos en que nos sentimos que no estamos a la altura de los demás. Nos cuesta avanzar. Parece que el enemigo hace soplar un viento en contra que encima es helado, corta la piel. Sean críticas, burlas, comparaciones o gente que nos trata con dureza. No es fácil cuando encima queremos ir cuesta arriba. Tal vez nos toca caminar por terreno resbaloso: situaciones donde es difícil mantener el equilibrio entre ser un buen cristiano y conservar una buena relación con viejos amigos, la familia o compañeros de trabajo. En otros momentos pisamos mal y tropezamos. Los demás parecen estar tan lejos… Quizás nadie nos da una mano para levantarnos. Nos sentimos avergonzados, torpes. Llega un punto que perdemos el gozo. Estamos cansados.

Por eso Dios pone líderes que estén atentos. Que nos ayuden a volver al grupo. Que nos den alimento espiritual para recobrar fuerzas. Que muestren interés, nos animen.

Pero si en la iglesia no encontramos esa ayuda, siempre podemos apoyarnos en Dios. Él no falla. Nunca nos deja solos. Dos cosas nos pide: Esfuerzo y un corazón motivado. Sigue, nos dice. Si caíste, levántate. Si quedaste atrás continúa, que ya los alcanzarás. Arriba, ¡arriba! No te quedes en el suelo. Camina y vas a entrar en calor. Que tu corazón no se desanime. Dios te lleva a un lugar hermoso. No dejes de mirar las maravillas que creó para ti. Todo lo que te da cada día. Desde el sol que sale cada mañana hasta las células de tu piel que se renuevan constantemente. Incluso dale gracias porque te cuida mientras duermes, te da el alimento cada día y te hace conocer gente maravillosa que te arranca una sonrisa en un día gris.

A todos nos pide que nos esforcemos. El más débil para continuar a pesar de los tropiezos. El que lleva tiempo caminando, para no perder la fe y la gratitud que son las que nos dan el aliento y el gozo. El que es más fuerte tiene que esforzarse para ayudar a los otros, para no desanimarse si parece que es un trabajo invisible o que no vale la pena intentar mantener firmes a los demás porque siempre caen, por si parece que nunca aprenden. Somos un equipo. Una familia. Dios es nuestro padre y está dispuesto a ayudarnos siempre. Sigue ¡Sigue y ayuda a los demas a seguir adelante!