Tú ensanchaste mis pasos debajo de mí, y mis pies no han resbalado. 2 Samuel 22:37

No hay camino peligroso, si va Dios

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El diablo nos lleva por desfiladeros. Por caminos resbalosos, al lado del precipicio. Sabe lo que nos gusta, nuestras debilidades. Nos lleva al límite de lo correcto y luego nos empuja para que caigamos más bajo. Él nos conduce por caminos peligrosos, para que pongamos en riesgo nuestra salud, nuestro matrimonio, nuestros principios morales. Quiere destruir nuestras vidas, nuestras relaciones, nuestra economía, que caigamos bien hondo.

Dios nos ama. Puede ser que el camino se vea difícil, que no podremos pasarlo: un camino angosto, cuesta arriba, sentimos que no somos tan santos ni tan fuertes… Pero cada paso que damos es fácil, porque el Señor ensancha el sendero. De alguna forma las circunstancias que parecían imposibles, cambian a nuestro favor. Si tenemos que hablar de Jesús a gente difícil, nos da las palabras justas. Si tenemos que realizar un proyecto provee los recursos.

No importa con qué estés batallando: un vicio, ataque de demonios, falta de voluntad para orar. Lo que sea, puedes superarlo. Dios te lleva más cerca de él, paso a paso, por el camino que lleva a la victoria y que llega hasta el Cielo.

Tú ensanchaste mis pasos debajo de mí, y mis pies no han resbalado.
2 Samuel 22:37