DOLOR POR EL PECADO "Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado". Nehemías 1.4-6 Me senté y lloré. Ayuné y oré.

Dolor por el pecado

Compartelo en tus redes

Serie Intercesores que Ayunan

Nehemías vivía en el extranjero. Un día le trajeron noticias de su nación y al conocer el estado material y espiritual de Jerusalén, se llenó de dolor. Hoy las noticias llegan muchísimo más rápido, basta mirar la televisión o las redes sociales para ver qué pasa en el mundo. Y también son noticias sombrías.

Cuando vemos lo mal que está nuestra nación y el mundo entero, podemos quejarnos o actuar como hijos de Dios.

Sabemos que la guerra, la delincuencia, la corrupción vienen porque la gente se deja llevar por el diablo. Tanto pecado en contra de los inocentes y de Dios, al final trae castigo. Como Nehemías deberíamos llorar delante de Dios, interceder con ayuno y oración. No podemos permanecer indiferentes. No podemos esperar que otro se ponga en la línea de batalla contra Satanás. No podemos quedarnos de brazos cruzados… porque quizás no haya nadie más dispuesto a clamar y la situación se vuelva terriblemente espantosa.

¿Hasta qué punto vamos a dejar que los juicios sigan cayendo, sin hacer nada? ¿Cuánta calamidad podemos ver sin sentir un dolor profundo que nos lleve a gemir delante de Dios? ¿Qué haremos cuando nuestros vecinos y familiares mueran sin esperanza?

DOLOR POR EL PECADO
"Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado". Nehemías 1.4-6
Me senté y lloré. Ayuné y oré.