¿Por qué no consultar al más sabio?
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Todo lo que tienes (auto, casa, incluso tu matrimonio) y lo que te sucede (enfermedades, batallas espirituales) no sale de una ruleta de la suerte ¡Dios recompensa a los fieles con bendiciones! ¡y retribuye a los que hacen mal con castigos).
Sadrac, Mesac y Abed-nego eran tres jóvenes fieles a Dios que habían sido llevados cautivos a Babilonia. Allí el rey ordenó que todos adoraran su estatua o murieran en el horno. Ellos se negaron y con valor dijeron: «He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu
Nabucodonosor era el rey del imperio más grande de su época. Un día mientras se paseaba por su palacio empezó a alabarse a sí mismo: «¡Miren qué grande es Babilonia! Yo construí esta ciudad con mi poder. ¡La he hecho capital de mi reino para mostrar lo grande que soy!» entonces Dios le habló desde