Dejó que se extingan los dinosaurios, pero dio su vida para salvarnos

Trato especial
Dios no nos trata como al resto de su creación, mucho menos si somos sus hijos.

Tus manos me hicieron y me formaron;
¿Y luego te vuelves y me deshaces?
Job 10:8

Foto: Guía explicando junto a los restos fósiles de un dinosaurio. Pque. Prov. Ischigualasto, San Juan

Job atravesó situaciones que, más que difíciles, diría que eran desesperadas. Ante la terrible pérdida habló como un fiel siervo de Dios: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21) y luego cuando se enfermó dijo: “¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” (Job 2:10b). Sin embargo, en un momento de dolor oró con las palabras del texto de hoy: “Tus manos me hicieron y me formaron; ¿Y luego te vuelves y me deshaces?

Todos vivimos momentos donde el dolor o la ansiedad nos abruman. Y le preguntamos a Dios si aún nos ama, o dónde están sus antiguos milagros. O como Job, le echamos en cara que después de tanto trabajo que se tomó con nosotros, ahora parece que quisiera destruirnos. Incluso a veces le decimos cosas peores, nacidas de un corazón afligido. Dios, que nos conoce, no se enoja. Sabe que lo amamos aunque le digamos todo lo contrario. Como ese niño que le dice a su mamá: “No te quiero más” pero después se arrepiente.

Debemos entender que él nos ama, aunque sus acciones hagan parecer lo contrario. Nos ama más de lo que podamos entender o imaginar. Está dispuesto a pagar cualquier precio por nosotros. Lo demostró cuando dejó su trono de gloria en los Cielos, para nacer como hombre y morir en la cruz. Él tiene un trato especial con la humanidad, pero más aun con sus hijos. Todo lo que hace lo planea teniéndonos en mente. ¡Sí!, desde la lluvia que riega los cultivos, hasta la plaga que acaba con miles de vidas, ¡todo lo hace pensando en nosotros! Él no quiere que nadie se pierda sino que nos arrepintamos de nuestras malas obras, para salvarnos. Y si vivimos de acuerdo a su voluntad, nos enseña, nos entrena y fortalece para que vayamos creciendo más y más, y asi pueda bendecirnos con mayores dones y ministerios.

No lo dudes. Dios es capaz de dejar que especies enteras de animales se extingan, pero no dejará que se te caiga ni un pelo sin razón. Él te ama, te ama, te ama tanto que quiere verte crecer y brillar.

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